Lectura Dominguera. Los signos del buen amor

Cada 14 de Febrero celebramos el día de los enamorados, una festividad occidental que goza de gran popularidad en nuestro país. El día de los enamorados es también conocido como el Día de San Valentín. Su origen se remonta al siglo III en Roma, Valentín era un sacerdote que desafió al emperador Claudio II, quien decidió prohibir la celebración de matrimonios para los jóvenes. El religioso lo consideró injusto y los casó en secreto.

El amor está considerado como el sentimiento más positivo e importante que podemos experimentar las personas; todos, sin excepciones lo hemos sentido alguna vez en la vida. Consiste en sentir un gran afecto e inclinación por alguien, por el cual se es capaz de dar todo, incluso en muchos casos la vida. Normalmente el amor está vinculado a lo romántico, al amor que se puede tener por una pareja, sin embargo, el amor no se reduce a las relaciones amorosas ni mucho menos y ese sentimiento existe entre padres e hijos, entre hermanos, amigos, entre otros.

A través del tiempo las sociedades construyeron diversas formas vivir el amor, según los condicionamientos culturales, religiosos y políticos.
Aunque ahora parezca incomprensible, la idea de amor romántico es una construcción tardía, del siglo XIX: hasta ese momento, las parejas, en su mayoría, no se casaban por amor, ni se elegían libremente, sino que estaban limitadas por condicionamientos externos, como mandatos familiares, religiosos, estatus social, casamientos arreglados o dentro de la propia comunidad donde vivían. El gran avance del nuevo modelo -el amor romántico- supone, en principio, que las personas son libres de elegirse mutuamente. Los ingredientes de este modelo son fáciles de reconocer: hay un descubrimiento, un flechazo como el de Cupido, un olvido del yo, una promesa de que el amor todo lo puede, una sensación de simbiosis -como en el mito de la media naranja.

Mario Alfredo Capalbi
@macapalbi

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