Don Año Nuevo

En estas horas de diciembre comenzamos a caminar por las últimas calles del Año Viejo y vamos enfilando por la vereda de la nostalgia y pasamos por el farol de lo sentimental, pero también recorremos el alegre y nostálgico camino hacia el territorio cordial del Año Nuevo, que ya está “ahicito”… que ya está tomando un rostro prometedor y su sonrisa de “chango” pícaro. Y viene al trote nomas, por los causes de la media noche.

¿De dónde sabrá venir Don Año Nuevo? A mí me gusta imaginar que llega bajando por el camino de la quebrada, montado en un caballito blanco con cosas lindas en las alforjas y tocando una flautita. Que llega con la oración, se instala en una quinta musical, se da un baño de alegría y belleza y descansa un ratito para luego hacer su entrada triunfal sobre la gente, que lo espera siempre lleno de salud y alegría. ¿Y el Año Viejo? ¿Por dónde se va? Y se va por el camino de abajo, doblando por la senda triste y vencido, perdiéndose en la oscuridad, así como se pierden los recuerdos, las monedas y las memorias en los tiempos.

Y hay algo que siempre está presente en esta despedida y bienvenida, y es nuestro optimismo. Optimismo que muchas veces nos salva y que también nos lleva a los excesos gastronómicos de esta fiesta, en las que nadie se priva de nada. Y todo el mundo tira la casa por la ventana aunque después tengamos que correr un “quitupí” por cinco. Pero uno se justifica diciendo que la tradición… que la costumbre… que siempre fue así… bueno no nos pongamos discutidores esta noche, porque esta noche es para brindar y ser cordiales.

Desde este rinconcito de la revista despedimos un año que quién sabe si deja algún saldo positivo, pero a lo mejor estamos celebrando la entrada de un año mejor y más “churo” que nos haga entrar a todos en vereda y nos enseñe a ser un poco más buenos y por sobre todo más unidos. ¡Salud y hasta el año que viene amigo lector!

Mario Alfredo Capalbi
@macapalbi

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